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viernes, 7 de octubre de 2016

RELATO COMPLETO: La boda

Relato COMPLETO

LA BODA
De
Sonia López Souto







Odio ir en tacones. No sé andar con ellos. Pero mi madre no me habría dejado salir de casa si no me los pongo así que aquí estoy, caminando hacia la iglesia donde mi hermana se va a casar y estoy viendo las amenazantes escaleras que debo bajar para llegar a mi destino. ¿Por qué escaleras? Debe haber alguien ahí arriba que me odia mucho. Casi tanto como odio yo los tacones.
Comienzo a bajar con cuidado cada peldaño. Si llego tarde será sólo culpa de mi madre pero creo que entenderá que es mejor eso que no llegar nunca. Suspiro cuando veo que ya he bajado la mitad de ellas sin ningún percance y continúo concentrada en mi labor.
Entonces escucho la llegada de la limusina, sí menudo coche ha elegido mi hermana para que la lleve, aunque creo que es cosa de su futuro esposo, el millonario. Las hay con suerte. No sólo están locamente enamorados sino que él tiene dinero de sobra para cumplir cada sueño de mi hermana. Siento envidia, pero de la sana. Los adoro a ambos.
Me quedo mirando su salida triunfal del vehículo, ella sí sabe andar en tacones, y sonrío. Se la ve tan emocionada. Entonces llega el desastre para mí. Mi tobillo se tuerce y caigo por las escaleras. Emito un pequeño grito de angustia que dudo que alguien escuche y cierro los ojos esperando el duro golpe contra el suelo. Pero no sucede nada.
Bueno, en realidad sucede algo. Unos brazos fuertes y musculosos me acogen en mi caída hacia el suelo y me aprietan contra un pecho igual de duro. Me siento acalorar y todavía no he abierto los ojos.
-¿Estás bien? - escucho la voz más sensual y masculina que he oído jamás y mi cuerpo se estremece - Ha faltado poco.
Abro los ojos por fin para ver a mi salvador y no puedo reprimir un gemido demasiado gutural. Me he muerto y estoy en el cielo. En los brazos de un hermoso ángel de cabello dorado y ojos azules que me miran con preocupación.
-Estoy bien - contesto después de carraspear - Gracias a ti.
Todavía no me ha soltado y me ruborizo. Esto es nuevo para mí. Soy una persona extrovertida y afable. Nada me altera. Nada, salvo quizá ahora esa mirada azul y esa sonrisa deslumbrante que me dedica mi salvador.
-Soy un poco torpe con los tacones - me disculpo.
Él reacciona por fin, dejándome en el suelo con delicadeza. Siento en mi piel cada palmo de la suya en los lugares exactos donde me toca y la sensación es muy agradable. Electrizante, sí, pero agradable de todas formas. Le sonrío, con mi mano todavía sobre su brazo.
-Puedes sujetarte a mí, si lo deseas.
¿Por qué me parece que me está proponiendo algo indecente? Si lo deseo, dice. Vaya, lo deseo más que nada pero no se lo voy a decir. Ni siquiera sé quién es aunque me siento como si lo conociese de siempre.
-Gracias - le dijo - pero creo que estaré bien mientras no haya más escaleras.
Ríe bajito y yo siento calor en mis mejillas de nuevo. ¿Cómo lo hace? No logro entenderlo. Me muerdo el labio y deja de reír inmediatamente. Su mirada se posa en mi boca y me acaloro todavía más.
-¿Vienes a la boda? - pregunto para disipar la tensión que hay entre nosotros en ese momento.
-Soy amigo del novio desde que éramos pequeños - asiente.
-La novia es mi hermana - le digo yo sin que me pregunte.
-No te pareces mucho a ella.
-Sería una novedad que lo hiciese - me toca reír bajito a mí - Soy adoptada.
-No lo sabía - parece incómodo - Lo siento, no debí...
-Tranquilo - le interrumpo - No es algo que me preocupe. Ni me importa hablar de ello.
Él asiente y se me queda mirando de nuevo. Aguanto todo cuando puedo pero ese hombre me afecta de un modo tan intenso que me estoy volviendo una mojigata. Evito morder de nuevo el labio hablando otra vez.
-Me llamo Isabella.
-Marco. Encantado - me tiende la mano.
Dudo sólo un momento antes de enlazarla con la mía. Aquella sensación electrizante regresa en cuanto nos tocamos pero ninguno se suelta.
-Vamos, Marco - lo llaman entonces, rompiendo la magia - que ya salen.
Ya salen. ¡Ya salen! Me he perdido la boda de mi hermana. Ahora sí muerdo el labio y miro la iglesia preocupada. Deseando que mi madre no se entere de mi pequeño gran desliz.
Marco me sujeta con suavidad pero firme por un brazo y me ayuda a llegar a la puerta de la iglesia. Se lo agradezco con una sonrisa y corro a reunirme con mi madre. Bueno, no corro por miedo a caerme, pero hago lo que puedo.
-Ha sido una ceremonia preciosa - le digo a mi madre.
-¿Dónde estabas? No te he visto.
-Detrás. Cuando llegué ya había empezado y no quise molestar - mentí descaradamente.
Después de la intensa sesión de fotos en la que me encontré con la mirada azul de Marco en más de una ocasión, nos fuimos al restaurante donde se celebraría el banquete nupcial.
Durante toda la comida, noté la mirada de Marco sobre mí pero no me atreví a mirarlo por temor a no poder comer más. ¿Una actitud infantil? Puede, pero tenía hambre. Mucha, así que me dediqué a comer y a hablar con los novios.
En el baile, mi cuñado decidió presentarme a todos sus amigos y no pude evitar sonrojarme cuando fue el turno de Marco. Otra vez y ya van tres. Esto no es para nada normal en mí.
-He tenido el placer de conocerla en la iglesia - le escucho decir.
-Sí - corroboro - Evitó que me diera de bruces contra el suelo.
-Tú y los tacones - ríe mi hermana.
Marco me sorprende pidiéndome un baile y yo sorprendo a mi hermana aceptando. Sabe que odio bailar.
Las horas pasan y pierdo la noción del tiempo hablando y bailando con Marco. Es casi como si no existiese nadie más. De hecho, parece que nos hemos aislado del mundo pero no me importa. Me gusta estar con él y es probable que no lo vuelva a ver así que quiero aprovechar bien su compañía.
-¿Podría pedirte tu número de teléfono? - me pregunta como si me hubiese leído el pensamiento - Me gustaría verte de nuevo.
-Todavía no me voy a ninguna parte - sonrío.
-Pero no quiero olvidarme de pedírtelo - se encoge de  hombros y noto por primera vez que está nervioso. Qué tierno es.
Intercambiamos números y su sonrisa se amplía. Parece aliviado. ¿Porque tiene mi número? No creo. Me muerdo el labio al pensar en ello y Marco me besa. No me lo esperaba.
-Lo siento - se aparta antes de que pueda disfrutar de su contacto - No debí hacerlo.
-Yo no me he quejado - le digo mordiendo de nuevo mi labio.
Y me besa otra vez. En esta ocasión más tiempo y con mayor destreza. Nunca antes me habían besado así y me derrito en sus brazos. Esta boda está resultando de lo más increíble y ya ni me acuerdo de que los tacones me están machacando los pies.
Cuando llega el momento de lanzar el ramo, las mujeres solteras nos ponemos en posición. No es que me vaya a pelear por él pero siempre me ha gustado esta parte de las bodas. Es divertido ver cómo las solteras más desesperadas son capaces de tirarse en plancha para coger ellas el ramo.
En realidad, ni siquiera presto demasiada atención a mi hermana. Mi mirada se desvía continuamente hasta Marco. Me río cuando me indica con la cabeza que mire hacia la novia. Finge ponerse serio pero no le sale muy bien, lo que provoca que yo ría más.
Entonces, algo me golpea en la cara y tiendo mis manos por acto reflejo. Miro hacia ellas y veo el ramo de novia de mi hermana. La miro a ella y está aplaudiendo con su mejor cada de niña traviesa. ¿No lo habrá hecho a propósito? Por su expresión yo diría que sí. Y cuando me indica con la cabeza que mire hacia Marco, sé que lo ha lanzado contra mí para que yo lo tuviese. La fulmino con la mirada antes de volverme hacia Marco.
-¿Has visto? - bromeo - Soy la siguiente en casarme.
-Me parece genial - dice él - Siempre que yo pueda ser el novio.
Por cuarta vez en mi vida mi rostro se cubre de rojo carmesí y no puedo evitar que una tonta sonrisa se instale en mi cara. ¿Lo dirá en serio?
-Jamás bromearía con algo así, Isabella - en ese momento comprendo que he pensado en alto.
-Si decido casarme, te lo haré saber para que podamos coordinar nuestras agendas - me muerdo el labio.
-Eso me encantaría - y me besa.
Desde luego ahí arriba alguien me adora lo suficiente como para haberme hecho caer en los brazos de aquel hermoso ángel. Y doy gracias por ello. No sé a dónde nos llevará esto, pero lo voy a disfrutar al máximo. Tanto o más que el beso que me está dando.
Seguimos bailando hasta que la boda termina y nos unimos a los más jóvenes cuando deciden seguir la fiesta en una discoteca cercana al restaurante. Ninguno de los dos quiere separarse todavía y esa es tan buena excusa como cualquier otra.
-¿Te importa si pasamos antes por mi casa? – le pregunto – Necesito cambiarme los zapatos o no aguantaré mucho tiempo más.
-Sin problema – abre la puerta de su coche para mí.
Una vez llegamos, me acompaña hasta la entrada. Abro la puerta y me giro hacia él. Muerdo mi labio, indecisa y su mirada se posa en mi boca. Un escalofrío recorre mi cuerpo y hablo en un impulso.
-¿Y si nos quedamos aquí?






2



Da un paso hacia mí rodeando mi cintura con su brazo para pegar nuestros cuerpos. Cuando me besa, camino con él hacia el interior de la casa, dando por sentado que eso es un sí. Siento, pues tengo los ojos cerrados, como cierra la puerta detrás de nosotros sin romper el contacto de nuestros labios.
Me apoya contra la pared y continuamos besándonos hasta que el aire comienza a escasear. Entonces, separa nuestras bocas pero no así nuestros cuerpos. Me mira a los ojos y puedo ver el deseo en los suyos. Me sonríe y siento mi mundo tambalearse. Adoro su sonrisa.
-Creo que hemos bebido demasiado – me dice - ¿Me invitarías a un café para rebajar el alcohol en vena?
-Claro – rodea mi mano con la suya y caminamos unidos por ellas hasta la cocina.
Lo observa todo con interés y me alegro de haber limpiado ayer, porque normalmente no tengo tiempo para esas cosas entre semana. Mi trabajo me absorbe la energía y cuando llego a casa lo único que quiero es descansar.
-Tienes una casa muy bonita – me dice mientras preparo el café – Lo que he visto de ella hasta ahora.
-Luego te hago un recorrido si quieres – me sonríe en cuanto lo digo y lo imito – Aunque no hay mucho que ver. Es pequeña.
-Suficiente para ti – concluye.
-Antes tenía una habitación alquilada – le confieso – Mientras estudiaba. En el trabajo a media jornada que tenía no ganaba suficiente para cubrir todos los gastos.
-¿Cómo es que no te quedaste con tus padres hasta terminar los estudios? Si vivís en la misma ciudad, sería lo más lógico. Y económico.
-Adoro a mi familia – sonrío – pero nos llevamos mejor si no nos vemos a diario. En cuanto alcancé la mayoría de edad, me mudé a esta casa. Era de mis abuelos. Se supone que debería ser para mi hermana, pero ella nunca quiso irse de casa de mis padres, así que me la quedé yo.
Nos sentamos en la mesa de la cocina para tomar el café y me mira con tanto interés, que me siento cohibida de repente. Oculto mi sonrojo, a los que parece que tendré que acostumbrarme mientras esté con Marco, bebiendo un sorbo del café. Está tan caliente que me quemo la lengua.
-Cuidado – me dice sonriendo – Quema.
-A buenas horas me lo recuerdas – le sonrío de vuelta.
-Cuéntame más.
-¿Sobre qué?
-Sobre ti.
-¿Qué quieres saber?
-Quiero saberlo todo – me sonríe una vez más.
-Si tú me lo dices todo de ti… - le sugiero.
-Me llamo Marco y vivo a dos calles de aquí. No sé por qué no nos hemos encontrado antes – me guiña un ojo - Soy vicepresidente en la empresa de mi padre, ya ves que gran logro, aunque en mi defensa diré que trabajo duro para demostrar que merezco el puesto. Tengo dinero, un coche impresionante, un apartamento de lujo, pero me falta lo más importante.
-¿Qué es?
-Alguien con quien compartirlo.
-Supongo que en eso estamos igual. Salvo por lo del coche impresionante y el apartamento de lujo – rio – Me gusta mi casita pequeña y sencilla. Y voy andando a todas partes.
-¿En qué trabajas?
-Soy asesora financiera en una empresa que está en expansión en este momento. Trabajo no me falta y pagan muy bien – me encojo de hombros – Aunque es agotador y me deja sin ganas de tener vida social.
-Espero que a partir de ahora puedas al menos quitar un par de minutos al día para aumentar esa vida social – en cuanto lo dice, me sonrojo una vez más.
-Se puede intentar – le sonrío.
Terminamos nuestros cafés conversando animadamente y sorprendidos al descubrir que tenemos muchos gustos en común. Cuanto más nos conocemos, más me gusta. Y creo que es algo recíproco, por cómo me mira.
-¿Quieres ver ahora la casa? – le sugiero en cuanto llevamos las tazas al lavavajillas.
-Claro. Las damas primero – hace una reverencia y yo me rio.
Pasamos por cada una de las habitaciones y vamos comentando sobre ellas. Marco es muy divertido y no dejo de reírme. Sin darme cuenta, dejo la habitación pequeña de última. Cuando la abro, me pongo nerviosa de repente. Allí hay una parte de mi vida que nadie conoce, salvo mi hermana. Ni siquiera mis padres lo saben.
-Prométeme que tu idea de mí no cambiará después de que traspasemos esta puerta – le digo, dando la espalda al cuarto.
-¿Es que tienes un cuarto del placer como ese tal Grey? – bromea.
-No exactamente – muerdo mi labio – pero tal vez pienses de mí algo que no es en cuanto lo veas.
-¿No te dedicarás a disecar a tus ex novios? – alza una ceja y la tensión que he ido acumulando se escapa con mi risa.
-Colecciono otra cosa – abro la puerta y le dejo pasar en primer lugar – Es un hobby que tengo desde hace unos años.
-Esto es… - creo que lo he dejado sin palabras.





3



Mientras se pasea por el cuarto, yo aguardo junto a la puerta, ansiosa por saber qué opina de lo que ve. Sé que muchos de los que me conocen me juzgarían si llegasen a descubrir lo que hago y por eso no lo he compartido con nadie más que mi hermana. Ni siquiera sé por qué le he permitido a Marco entrar a verlo. Tal vez porque deseo que permanezca en mi vida durante mucho tiempo y esto es algo que no podré ocultar a quien comparta mí día a día.
-¿Las has hecho tú? – me pregunta después de mirar cada foto expuesta.
-Sí.
-Y los modelos…
-La mayoría son universitarios. Yo necesito a quien retratar y ellos el dinero.
-Hay que ser muy atrevido para desnudarse ante una desconocida – me mira y no veo censura en sus ojos, sino curiosidad.
Sí, retrato a gente desnuda. Y a pesar de ello, ninguna de las fotos llega a mostrar nada. Tan sólo insinúa. Son fotos artísticas, no pornográficas. Aunque sé que mucha gente no lo verá de ese modo y por eso lo mantengo en secreto.
-Soy poca cosa – sonrío – Nadie tendría miedo de mí.
-Con una cámara apuntando hacia mí y sin ropa de por medio… - sonríe – Yo estaría acojonado.
-No obligo a nadie. Vienen porque quieren – oculto mi rostro de él, bajando mi vista al suelo.
-Me encantan – sujeta mi barbilla con su mano y busca mis ojos con los suyos – No te avergüences de algo que te apasiona. Aunque nadie más vaya a entenderlo.
-No es algo habitual – digo – La mayoría retrata paisajes.
-Pero tú no eres como la mayoría – acerca su boca a la mía – Tú eres única, Isabella.
Me besa con tanta dulzura, que me pierdo por un momento en las sensaciones que provoca en mí. Este hombre sabe cómo hacer que una mujer se sienta especial. Única. Cuando rodeo su cuello con mis manos, acerca nuestros cuerpos y profundiza el beso. Ni siquiera sé cómo sucede, pues sólo soy consciente de sus labios sobre los míos, pero acabamos en mi habitación, arrancándonos la ropa del cuerpo con urgente necesidad, y haciendo el amor apasionadamente.
-Que sepas que no suelo ir tan rápido con ninguna mujer – me dice después, abrazados como amantes satisfechos, mientras acaricia mi brazo distraídamente y yo disfruto del latido de su corazón en mi oído.
-Tampoco yo – le confieso – Ni siquiera suelo traer hombres a casa el día en que los conozco.
-Eso me hace sentir especial – sonríe cuando lo miro.
-Lo eres – admito.
Permanecemos acostados, simplemente disfrutando de contacto de nuestros cuerpos hasta que nos dormimos. Y eso es algo que también llevo tiempo sin experimentar. Tanto tiempo, que ya había olvidado de lo reconfortante que es sentir los brazos de otra persona en torno a ti, escuchar su pausada respiración contra el cuello o sencillamente despertarse junto a alguien que te está sonriendo con verdadero afecto. Y que no le importa si tienes el pelo revuelto o si te has olvidado de desmaquillarte y ahora pareces un mapache. Esos son los pequeños detalles que enamoran.
-Buenos días, Bella.
-Bella – me estiro perezosamente y noto la intensa mirada de Marco sobre mí – Hacía años que nadie me llamaba así.
-Y que lo haya hecho, ¿es bueno o malo?
-En tus labios – digo acercándome a él – suena de maravilla.
-Me alegro – me besa y pienso que este es, sin duda, el mejor despertar de todos.
-¿Quieres desayunar? – digo de repente.
-Me temo que ya es más la hora de comer – me dice señalando el reloj.
-¡Oh, Dios! Pero cuánto hemos dormido – me levanto de un salto hasta que recuerdo que estoy desnuda. Me cubro con la sábana, dejando ahora expuesto a Marco.
-Yo no me quejaban de las vistas – me dice sonriendo.
-Tampoco yo me quejo ahora – lo imito antes de coger ropa limpia y entrar en el baño, dejando la sábana a los pies de la cama. Para cuando salgo, Marco ya está vestido con la ropa de la boda.
-Te invito a comer – me dice – pero antes pasaremos por mi casa para cambiarme de ropa. Si no te importa.
-Yo encantada – sonrío – siempre que me enseñes ese apartamento de lujo que tienes.
-Eso está hecho – se acerca y me rodea con sus brazos – Pero yo no tengo cuarto del placer.
-¿Y dónde duermes? – nos reímos juntos, antes de que Marco me bese de nuevo.
Con él se siente todo tan natural. La última vez que me permití pasar la noche en casa con un hombre, la incomodidad que sentimos al día siguiente fue suficiente para no querer volver a vernos. Quedamos en llamarnos, pero ninguno de los dos lo hizo. Con Marco es como si llevásemos toda la vida haciéndolo.
Bajamos de la mano y no nos soltamos hasta que Marco abre la puerta de su coche para mí. Viajamos en silencio, disfrutando de la tranquilidad que la compañía mutua nos proporciona. Ni siquiera necesitamos rellenar con conversaciones fútiles momentos como este y me gusta.
-Dejaré el coche en el garaje – me dice finalmente – Al sitio donde quiero llevarte podemos ir andando. No queda lejos.
-De acuerdo – le sonrío para que vea que no me disgusta la idea. Como le dije, yo siempre voy a pie. O en transporte público si está demasiado lejos.
Subimos en el ascensor hasta el onceavo piso, que es donde está el apartamento de Marco. Ya puedo imaginarme las vistas que tendrá de la ciudad y estoy ansiosa por descubrirlas. Debe notar mi entusiasmo porque sonríe y toma besa mi mano, que no ha soltado desde que abrió de nuevo la puerta del coche para mí. Hoy en día es difícil toparte con un caballero, son una especie en peligro de extinción.
-Voy a ducharme – me dice en cuanto entramos en el apartamento – Cotillea todo lo que quieras.
-Gracias – lo miro y me da un beso rápido antes de desaparecer por una de las puertas.
Yo me voy directamente al enorme ventanal que hay en el salón. Como creía, las vistas son impresionantes. Y aunque es cierto que el lugar es de lujo, se siente acogedor igualmente. Me sorprende, no me lo esperaba para nada.
Después de admirar la ciudad desde las alturas, investigo un poco por mi cuenta. Abro y cierro puertas, dejando para el final la habitación en la que está Marco. Para ser un apartamento, es muy grande. Y está decorado con muy buen gusto. Minimalista y moderno, pero hogareño aún así.
-Me encanta tu apartamento – le digo a través de la puerta del baño cuando entro en su habitación.
-Me alegro – dice saliendo en ese mismo momento, con una toalla rodeando su cintura. Se ve tan sexy, que no puedo evitar hacer un repaso minucioso de su anatomía.
Me siento en la cama mientras él se mueve por la habitación con la soltura de quien lo hace a diario. Saca del armario ropa acorde al estilo que he elegido yo para mí y la deja en una silla. Después toma la ropa interior del primer cajón de la cómoda y se quita la toalla sin ningún pudor delante de mí. Y por más que debería sentirme avergonzada, lo único que puede pensar es que podría pasarme una vida entera reviviendo este momento.
-¿Me permitirías retratarte? – le pregunto antes siquiera de pensar en lo que estoy diciendo. Cuando me mira con dudas en sus ojos, añado – Si no quieres que se vea tu rostro, podemos ocultarlo. Me encantaría tener una foto tuya.
-Lo haré – dice acercándose a mí y ayudándome a levantarme – siempre que tú salgas en ella también.
-¿Y quién la saca?
-Estoy seguro de que sabes cómo hacerlo – asciende con sus manos por mi espalda, pegando nuestros cuerpos en el proceso – Me encantaría tener una foto tuya.
-Eso lo he dicho yo – sonrío.
-Lo sé.
Y aunque yo soy de las que se ocultan tras la cámara, estoy dispuesta a ponerme ante el objetivo si es con Marco a mi lado.




4



Ha pasado un año desde que conocí a Marco y parece toda una vida. No hemos vuelto a separarnos desde entonces, alternando nuestras noches en su apartamento y en mi casa. Viajando los fines de semana a cualquier lugar que se nos ocurra, para hacer cualquier locura que nos apetezca. Porque hemos descubierto que somos igual de aventureros. Simplemente nos faltaba encontrar a la persona con la que disfrutar de esos momentos.
-No puedo creer que me dejase convencer para esto – me dice Marco, nervioso.
-Yo también salgo, ¿recuerdas? – me abrazo a él – Nadie sabrá que somos nosotros. No se nos distingue.
Marco y mi hermana llevan al menos seis meses insistiendo en que debería exponer mis fotografías en una galería de arte y al fin lo he hecho. En venganza, la foto que Marco y yo nos hicimos, forma parte de las que he elegido. No es porque nosotros seamos los modelos, pero es una de las mejores que he hecho hasta el momento. Cada vez que la miro, puedo sentir el amor que emana de ella. Porque aunque en aquel momento no lo sabíamos todavía, estábamos ya locamente enamorados el uno del otro.
-Es hermosa – le digo – Merece estar expuesta al mundo.
-Si alguien descubre que somos nosotros – me dice – haré que te arrepientas de haberla elegido.
-Si alguien nos reconoce – respondo riendo – ya estaré arrepentida de haberla elegido.
Sé que bromea, porque en el fondo, también a él le encanta la foto. Lo he descubierto en varias ocasiones admirándola, cuando cree que no lo veo. Puede que sea arriesgado enseñarla, sobre todo porque nuestras familias acudirán a la apertura, pero sería un pecado mantenerla oculta en casa.
-Al menos verán la buena pareja que hacemos incluso en la intimidad – susurra en mi oído provocando que un escalofrío recorra mi columna vertebral.
-Marco – intento reprenderlo pero me resulta imposible. Ha sonado más como un gemido y él ríe.
-Más tarde, mi amor – besa mi cuello, antes de desaparecer con la excusa de ir a por dos copas de champán.
A lo largo de la tarde, se acercan a mí infinitud de personas para alabar mis fotografías. Algunos incluso se interesan por ellas y aunque no están a la venta, les hago saber que podrían conseguir las suyas propias. La mayoría se lleva mi tarjeta y prometen contactarme en breve para concertar una cita.
-Mira tú por dónde – dice Marco con orgullo – vas a convertirte en toda una empresaria de éxito. Si esto funciona, podrías dedicarte en exclusiva a la fotografía.
-Aunque me encantaría, no voy a ilusionarme con eso. En cuanto lo piensen fríamente, sin las fotografías al lado para inspirarlos, se arrepentirán de querer sacarse una.
-Eres muy buena en esto. Los has impresionado – me besa entre frases – Verás cómo te llaman. En uno meses podrán dejar el trabajo de asesora y dedicarte a lo que realmente te llena.
-Tú me llenas – le digo y su risa me indica que lo ha malinterpretado – Pervertido.
-No he sido yo la que lo ha dicho, amor.
-Pero sí el que ha pensado en lo que no era – sonrío antes de susurrarle al oído – Quiero irme de aquí y dejar que me llenes.
-Me parece una gran idea – me susurra también – pero antes tengo que hacer otra cosa.
-¿Qué cosa? – lo miro con curiosidad.
Se limita a sonreír y da un par de palmadas. De repente, comienza a sonar nuestra canción, la primera de todas las que compartimos durante la boda de mi hermana. La gente nos mira y exclama de asombro cuando comienzan a entrar en la galería varios hombres y mujeres cargando con docenas de rosas rojas. Cuando nos rodean, empiezo a tener una ligera idea de lo que pretende hacer Marco y una sonrisa tonta se instala en mi cara.
Da otro par de palmadas aparecen más personas, esta vez portando fotos. Mis ojos se abren de sorpresa cuando descubro que son fotografías que Marco y yo nos hemos ido sacando a lo largo de este año juntos. Llevo las manos a mi cara para evitar que vean mi boca completamente abierta. Esto es más de lo que esperaba.
Mientras observo las fotos, puedo revivir cada uno de los momentos en que fueron tomadas. Eso como ver una película en fotogramas de nuestro amor. Mi mirada se cruza con la de mi hermana en algún momento y la veo sonreír entusiasmada. Algo me dice que ella sabía todo esto.
-Sé que no son tan buenas como las que tú haces, mi amor – comienza a hablar Marco – pero en ellas está retratado el mejor año de toda mi vida. Y así como una fotografía inmortaliza un momento especial o importante que deseamos recordar, yo quiero inmortalizar este día.
Saca la cámara instantánea que me regaló en mi cumpleaños y toma una fotografía de mi atónito rostro. Me insta a que coja la foto y la mire. Mis ojos no podrían abrirse más aunque quisiese. No tengo ni idea de cómo lo ha hecho, pero no soy yo la que aparece en la instantánea, sino un anillo de compromiso.
-Pero, ¿cómo? – acierto a decir.
-Isabella, mi Bella – se hinca de rodillas frente a mí y abre una pequeña caja negra donde está el verdadero anillo – Sé que es pronto, pues apenas llevamos un año juntos, pero ya no puedo imaginarme mi vida sin ti a mi lado. Tú has dado color a mis días y has iluminado mis noches. Me has enseñado que el detalle más pequeño puede ser grande si sabes cómo enfocarlo. Y que no hay nada corriente en lo que nos rodea, sólo hay que apreciar la belleza que se esconde detrás de lo obvio. La vida contigo es como una buena fotografía y por eso, me preguntaba si querrías retratarnos cada día, a partir de este momento y en adelante, y así inmortalizar nuestro amor más allá de la muerte.
Me limpio las lágrimas que me ha provocado con sus palabras y sonrío. Apenas tengo voz, de la emoción, así que me limito a asentir con entusiasmo y le extiendo la mano para que coloque el anillo en mi dedo. En cuanto lo hace, se levanta y me besa. Y es ahí donde soy consciente de nuevo de que no estamos solos, porque escucho aplausos y vítores a nuestro alrededor.
-Imagina que me hubieses dicho que no – bromea en cuanto deja de besarme.
-Te habría dicho que sí en la boda de mi hermana si me lo hubieses preguntado – le sonrío.
-Te lo dije – me recuerda.
-Lo hiciste – asiento antes de que me bese otra vez.
Después de eso, nos separan para felicitarnos por el compromiso y no podemos volver a reunirnos hasta pasada al menos media hora. Aunque nuestras miradas se buscan constantemente y nuestras bocas se sonríen cuando lo logran. No importa si no logro dedicarme a lo que más me gusta en esta vida, porque tener a Marco a mi lado es cuánto necesito para ser feliz.
Benditos tacones que me hicieron tropezar aquel día y caer en sus brazos. Puede que nos hubiésemos conocido de igual modo, pero quiero creer que el destino jugó un papel importante en nuestra unión. Después de todo, frecuentábamos los mismos lugares y nunca coincidimos hasta el día de la boda.
-¿En qué piensas? – me pregunta rodeando mi cintura con sus brazos cuando por fin logramos reunirnos.
-En que debería enmarcar una fotografía de los zapatos que llevé a la boda de mi hermana – le sonrío cuando veo la curiosidad en su rostro – Gracias a ellos, encontré al amor de mi vida.
-Me parece una idea magnífica – me devuelve la sonrisa – porque gracias a ellos, la mujer de mi vida cayó literalmente en mi brazos.
Nos besamos una vez más, sellando así lo que el destino una vez decidió unir en una boda.


 FINAL.

7 comentarios:

  1. Como siempre, espectacular! Qué pedida más currada!!!

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  2. Como siempre, espectacular! Qué pedida más currada!!!

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  3. wao!! Como le haces Sonia todo lo que escribes es genial!! hermoso relato !! 💒💍😍😍😍😍


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  4. Mi relato favorito!!Te felicito Sonia eres la mejor

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